El ciclo de lo hermoso

Es como la veleidad de las orillas
en la esperanza de un beso
la rebelión de tu sonrisa

El ciclo de lo hermoso
nace en mis labios
muere en tus mejillas

En tierra desnuda

Quisiera ser pobre cuando muera,
y que desvestidos de piedra
mis arrepentidos y desnudos huesos
sean más del abrazo de la tierra
que de este hombre triste fueron

Quisiera que fueras pobre cuando muera
y que nunca me tiendas flores
amor, no me lleves primavera
que es el silencioso musgo verde
la corona eterna de los pobres.

Morro Velosa

Que sabes de aquel lejano morro, amor
A veces pienso que es una sillita olvidada de dios
Allí persigo una bandera azul serena
Todas mis sombras se las traga la tierra
Susurro a la luna, nublo el sol
Soy fugitivo de su altura
Que sabes de aquel lejano morro, amor
A veces pienso que es una sillita olvidada de dios
Otras, solo el balcón de toda mi locura

Que hoy sea el día...


Que hoy sea el día de la lluvia
¡muerte a los paraguas!
que sea también el del sol
que se mueran las sombrillas,
que la sonrisa defienda su alegría
que se rompa el televisor
o por favor
que apaguen las noticias.
Que sea el día del mar libertado
que hoy no trabajen los espigones
que sea el día de los ríos
de las nubes y los gorriones
el de todos los pajarillos
que hoy no vuelen los aviones.
Que afloren los jardines secretos
la ingenuidad de los niños
la juventud de los mayores,
que sea el día del aire
¡que apaguen todos los motores!
Que sea un día de noche cerrada
de liberar los botones
de deshacer las camas
que la oscuridad nos borre los labios
y que se pueda besar con el alma

El revisor

Aquí me tienes
en otra estación mirando
los luceros desconsolados
que lloran en los andenes.

A lomos de los vaivenes
paso mi vida contemplando
los ojos atribulados
que se marchan en los trenes.

Un verso

Ojalá existiera un verso
que describiese al diablo
que explicara el cielo
que expresase este atardecer
entre los jardines de mayo.
O un verso para todo a la vez
un verso para tus labios.

Retoña un corazón


Pedacitos de corazón yacían esparcidos
En el firmamento de aquella habitación
Donde dispararon un preciso adiós
Contra su último latido

Pero gritó el tiempo
Y vi un corazón de primavera y rocío
Otra vez muerto de sueños
Naciendo en las cenizas de otro amor
Con un nuevo latido.

Lágrimas malgastadas


Con tu primera lágrima, como la luna más desnuda, me enseñaste los huesos,
con tu segunda lágrima peinaste mi tristeza y quisiste mojar al viento,
con las siguientes hiciste puñales de plata
y las ocultaste en la sangre de mi pecho.

No desaproveches más esas lágrimas,
soy insignificante como la historia que no se nombra,
imperceptible como la ausencia de las ánimas,
como la oquedad que deja una sombra.

Algo que queda

Tu eres ya camino
horizonte de mis ojos
cumbre de mi historia
algo que queda
eternidad de la memoria.

Del calvario de San Recuerdo

Y ahora recuerdo aquellas tardes
Como deben verlas los muertos
Con pájaros crepusculares
Crucificados en el cielo.

El conjuro


Hermosas deshoras
Mares peregrinos
Alma desnuda y florida
Campos de auroras
Labradores de sombras
Duermen y miran
Dueños de sueños
Caminantes de historias
Un águila reina
Muros antiguos
La primera lluvia
Espejos de la memoria
A los hombres en flor
Que lo ordenen el polvo y el viento
El ruiseñor y las simientes
Que nadie muera del último amor
Que nadie apague el fuego de su fuente.

El despertador

Donde está este amanecer de mayo
me quieren engañar en la aurora amor
cambiaron los salmos del gallo
por un estúpido despertador.

Las palabras del viento


Ahora que me detengo y miro
ya no veo las palabras del viento
con las que escribía mis madrigales
quizás vivan allá en el cielo
alejadas, con los pajarillos,
de esta cárcel de muros y cables.

Mi jardín soñado


Mi jardín soñado
No es de lirios y rosas
No es de magnolias y nardos
De jazmines o mimosas

Mi jardín soñado
No es de fuentes que brotan
De esculturas de mármol
Entre nenúfares y alondras

Mi jardín soñado
es de soles y de sombras
De ocasos y de auroras
De nuestra risa y nuestro llanto

Es de niños que se asoman
a un pequeño patio
Es de unos ojos que enamoran
Del sacrificio de tus manos

La calle más negra y al fondo la luna llena

Virgen y soledad cimera
Blasón de las soledades eternas
musa desnuda y fantasma
hada pálida, de cenicienta calavera
quimera adolescente y lejana
abre la garganta de tu ventana
al sol de todas las rameras.

En este valle


Hoy desperté en el cielo
y parecía que seguía dormido,
resbalaba el viento por el valle
y se escondía en caminos de silencio.

Hoy desperté en el cielo
abrí los ojos sin abrirlos
y vi tras la ventana
como se besaban en las gavias
las higueras y el rocío.

Tras un horizonte altivo y nuevo
resbalaba el barranco silencioso
debajo de una nube de invierno,
y entre un coro de pajarillos
hoy he despertado en el cielo.

Mirando al mar (Aguas Verdes)

Sobre el latido de este mar
Tengo los ojos perdidos
De tanto mirar, amor
Su beso frio y extendido

Gotas

La primera gotita de un querer
Fue rocío de un beso en flor
La última gotita de un amor
Será una lágrima al caer.

Siente. No pienses


Muerde la teta del dolor poeta
Desmiente la niebla
Esquiva el beso de la bruma
¡Siente!, ¡no pienses!
Enjuga el surco de la siembra
No beses nunca
los labios alargados de los cipreses
Y yace sin tumba
Sobre el trigal de la muerte

Deja que cada noche


Deja que cada noche acaricie tu cabello
Cuando los campos suspiren primavera
Deja que lo enrede entre mis dedos
Jugando con él
Haciendo flores nuevas

Deja que cada noche
Haga un nido en tu cama
Cuando los campos suspiren primavera
Deja que en mí se sostenga
Con el abrazo de mis ramas

Sueño sin orillas

Desde el mirador de los mundos
detrás de los vidrios azules
y de la vanidad de las olas
como un sueño vagabundo
el ocaso camina a paso de sombra,
se desliza con un gran silencio
como el bálsamo de quedarse dormido
como una lágrima en el desierto
y decide quien duerme
y quien se queda despierto.
Ayer me llevó hasta un sueño
un sueño sin orillas
era de la pureza lívida
de un puñado de viento,
mi cielo era azul y dormía
no había faena en el huerto
y me llevaban las golondrinas.
Volaba entre campos de largos cabellos
por las cumbres de mis valles
en la valentía de mis miedos,
y borraba de mi frente toda la locura
los senderos de la muerte
las lineas de mi amargura.
Y avanzada la cripta de la noche
trepé a su muro de gritos ciegos
y acaricié el cielo de su pelo
como si fueran pétalos de flores,
y grité: "noche, no me toques,
Con la inquietud de tus dedos".
Tuve en mi sueño mujeres de seda
vinos de dioses
la envidia de los hombres
amores de estrellas.
Resbalé por increíbles historias
acaricié los mares mas azules
sentí la sangre mas roja.
Naufragué en algún amor
oí el clamor de las caracolas
me escondí entre saetas
y alguna noche me amamantó una loba.
Dormí en las camas más hondas
en la intemperie más fría
me bañe donde nacen las olas,
fui niño y poeta
un rayito de luz, un arroyo limpio
un robinhood a jornada completa,
fui un puente de piedra
un soldado sin nombre
un ratito de lluvia
la primavera que no cesa,
supe de mundos sin dinero
de mirada sincera
donde decir no tengo
no era decir miseria,
vi a señores que no tenían nada
a mujeres sin huella
vi sus miradas vacías de calavera.
Bebí con hombres buenos
con meretrices sin cadenas
con ladrones, con princesas,
luché bajo una bandera blanca
en campos sin batallas
con mi ejército siempre victorioso
con mi ejército de palabras.
Gané algunas sonrisas
y un puñado de monedas
me quedé con las sonrisas
las cambié por las riquezas,
vi desvanecerse una vida
en la punta de una cuerda
y vi como se abría camino
entre la aridez más negra,
vi señoritos sin hambre
labradores sin tierras
vi lunas de sangre
y una o dos verdades sinceras,
viaje en barcos cansados
que nunca llevaron viajeros
que sólo anhelaban morir
cuando arribaran a puerto.
Ayer tuve un sueño
un sueño sin orillas
era de la pureza lívida
de un puñado de viento.

Cuando no había nombres

Cuando no tenían nombre
¿Como eran las rosas?
¿Eran menos oscuras las sombras?
¿más cercano el horizonte?
¿La luna a veces no era hermosa?
Que vanidoso el hombre
Poniendo nombre a todas las cosas

Mitin eleKtoraL

Robot de lágrimas
tristeza de los demás
sudor de máquinas
despotismo ilustrado
programación social
ataúdes humanos
decapitación mental
(voz de robot)
soy la voz de mi amo
soy la voz de mi amo
soy la voz de mi amo
...
...

Fdrc Grc Lrc (anochecer)

El absurdo anochecer
de la calle de los muros
se escribió en palabras oscuras
porque apagaron algunos
luces de papel
candiles de pluma.

Sobre un clavel
desvaneció su beso de plata
con el luto de su mantilla
enfriando cada pétalo de piel
porque a la luna amputada
le habían robado una mejilla.

Percepciones

         Cuán quietas
          de los olivos
          a mis ojos apresurados
                             las caderas
                           de sus cuerpos retorcidos.
                   En mi percepción del tiempo
                             ¡parecen tan dormidos!
                       pero bailan y bailan
                     sobre esta tierra
el rock and roll de los olivos.

  
                    

Palabras de aroma

Hay una brisa de labios maternos
hay una rosa en el balcón del rosal
bostezando todo el invierno.

En la espina más altanera
un plácido juglar del cielo
comienza a afilar su trino,
la nieve de la primavera.

El esqueleto del último enero
se enterró debajo de una piel
de puntilla de verde nuevo.

En el lenguaje más callado
susurra un poema en el alma
cuando le regala una rosa
el enamorado a la enamorada.

De una mirada pesimista

                     I
Qué traes en los ojos
en los ojos del hambre
solo llantos rojos
solo pupilas de sangre.

Los jazmines son muertos de oro
tus luceros trágicos fanales
y los algodones de tus párpados solo
las vendas de siempre llorar cristales.

                      II
Qué destino sueñas que no te tenga
qué luz que no te abrace
qué noche que no te duerma
qué vida sueñas suficiente
qué desnudez te cubre perpetua
qué agonía respirar esa niebla
no ver nunca el aliento naciente
diluído imperceptible en ella.

El silencio decía

Tus mejillas daban rosas
pero la intemperie de esta vida
se llevaba sus aromas.
La luz iluminaba tus canas
en una oscuridad de pluma blanca
como cenizas
de una lumbre apagada.
Heridas pasaron las sombras
la lluvia brotaba
y el silencio decía
que callen las alondras.

Cuartito menguante (nana de luna)

La luna se está escondiendo
oculta su carita blanca
entre las sábanas del firmamento
¿Qué te pasa lunita blanca?
¿a tu cunita azul te aupaste
a descansar en un sueño
de cuartito menguante?

Clarea en esta cárcel de madrugada
el parpadeo de mis zapatos negros
con un pedacito de su estandarte.
Dime lunita blanca
¿duermes con un ojo abierto
en tu cuartito menguante?

Alborenda

Recostado en la alfombra de mi pereza
delirando coleópteros de estrella
en un embeleso entre quebrado y gozoso
soñé una quimérica acuarela
de un color utópico, rutilante, majestuoso,
después inventé el nombre para tenerla,
la llamé, pretencioso, «alborenda»,
y ese estrafalario pintor de entelequias,
ese lunático caprichoso
de dentro de mi cabeza
coloreó de «alborenda»
un mágico y misterioso
garabato de luciérnaga.

Algo alegre

Cuando aquella tarde acrisolada me dijiste:
"escribe algo más alegre, amor
que todo aquello que escribiste",
escribí a la mano enjuta de la muerte
y no era triste, amor
su caricia de soledad inerte.

Otoño en el Risco del Paso

Si pudieran escuchar ese mar
en su onomatopeya constante y fría
su efervescente arribar
su romanza blanca de lejanía,

arraiga su soledad
en el enjambre de arena
mil cánticos de muerte en paz
sobre una frente canela.

Te delata tu sonrisa de lata

En la universidad de la mentira
vestido de oro, virtud y prosapia
licenciado en los oráculos
del mismo dios de hojalata
tan cumplidor y distinguido
tampoco tú me engañas
que no apruebas ni primero de sonrisa
en el examen de mi mirada.

Introspección II

Navegando en una vejez delicada
en la más primorosa ilusión yo te vi,
y en las nebulosas de la madrugada
no pude discernir si te soñaba
o si tu recuerdo pasaba por allí.

Introspección I

Para herirme el corazón
no malgastes las puntas de tus flechas
pues me envuelvo en un caparazón
de mil heridas abiertas.

Flor de noviembre

Salmo de otoño que se desnuda
en lágrimas de cenicienta descalza
entre una niebla llanto de luna.

Noviembre mendicante
brote de hielo bruñido
pétalos sombríos, tallo de alfanje,
flor que amanece del frío.

Vida

La primigenia vida
entre los eriales más yermos
en un resurgir floreciente
hizo chispa entre el uno y el cero.

Un enigma de luz intermedio
entre el germinar siguiente
y el vacío pretérito.

Surgió en la ausencia el fuego
de la nada una simiente
¿quién hizo semilla?
¿quién puso el vientre?

Hoy me quedo en casa

Hoy voy a derrochar la mañana
abandonarme a pensamientos vacíos
y que todos esos mundos
el suyo, el tuyo y el mío
esperen tras la ventana.
Voy a malgastar ideas y palabras
formulando tonterías
urdiendo una emboscada
a todas cuantas prisas
estén a mi vida anudadas.
Hoy voy a perder la cabeza
para conservar el alma,
gritar porque sí,
soñar por venganza,
tomar papel y escribir
y recitar a la nada.
Construir una celda
delicada y vaporosa
con rosetones de guitarras
y con barrotes de cuerdas
de violines y arpas,
y que la música me envuelva
en su quimérica llama,
y leer algún poema
y empezar a morir
entre sus invisibles rejas
y levantar las persianas
y  subir la música
cuando suene "enter sandman"
pasa, hombre de arena
yo no me abrazaré a la almohada
entra y hazme saltar
mientras ondean los cristales,
quiero saltar hasta que me canse
quiero reír, bailar,
tomármelo todo a guasa,
y hoy no quiero aguantar a nadie
hoy me quedo en mi casa.

Más humo

Más madera, más madera
que no pare el mundo
aunque nos cueste la tierra.

Más humo, de adusta paloma
que a otra de ala blanca
de lluvia clara entierra.

Calienta reloj ardiente
tic-tac, tic-tac
tu latido trágico de estrella.

Crece mar, vuela
que no puedan cavar sus tumbas
llévate al fondo toda la tierra.

Una procesión por el cielo

Camina por un sendero
nuestra señora de Somerado
de tapices bordados
de hilaza de cuatro braceros.

Y si quisiera dar un paseo
entre querubines y luceros
nuestro pendón para hacer camino
se alzará barrenando el cielo.

Siempre alguien está peor

Y qué sabemos hoy los muertos
en estas tardes de lluvia
que a algunos nos calan los huesos
a otros ya las cenizas.

Un atardecer sin nombre

Un sol de vino rosado
descabalga ya sin nombre
del frontispicio del atardecer,
como un amor al caer
en su agonía humeante,
como el aliento que se está apagando
en la brasa decadente de un querer.

Canciones libres

Tengo un balcón de brisa
en mi habitación sin ventanas
y unas alas de miel
de caricia de almohada.

A la sombra de una cárcel extraña
sólo soy un pájaro triste
que trina cantares libres
dentro de una jaula.

Cantando la alambrada es de mimbre
harapos los barrotes del alma
y mis canciones de máscaras
son el plumaje que me viste.

Bla, bla, bla,...

Mil gamas de embeleco
embelecador y aranero
camaleón estólido
baladrón y bellaco
político patrañero
brazo felón y villano
labio mendaz, embustero
escucha lo que digo
en mi insano refranero
"en casa del palo
cuchillo de fuego".

El sombrerito de hilo (de Raquel)

Vistieron reyes profusas aureolas
caballeros de plata sus yelmos pulidos
señores sombreros altivos de copa
y algún dios guirnalda de espino
hombres investidos con tiaras y nimbos
y láureas aceituna en sus victorias
pero yo sólo quiero para mi corona
que me cosas un sombrerito de hilo.

Rumbo a...

Aromas de miedo
desprende mi barco al zarpar
y cuando se aleja del puerto
sendas de tristeza
va escribiendo su popa en la mar.

Corriendo entre calima

Se desnuda la tierra
el cielo se está llevando
su vestido ocre de arena
como las deshilachadas cuentas
de todos nuestros rosarios.
El sudor es mi tinta más indeleble
mis pies ahora son mi mente
mis zapatos son la pluma
y mi corazón el escribiente
de todas estas llanuras.
El sol se disfraza de luna
pero despiadada me muerde
su amarillenta dentadura.

Un poquito malo

Me arrepentiré al tiempo de mi adiós
convirtiéndome en un hombre bueno
para encontrar el senderito hacia el cielo
para preguntarle una cosita a dios
tú que has sido de pecadores valedor
tú que fuiste de los caídos su consuelo
tú que eres el adalid de todo amor
por qué al diablo un poquito amar no puedo.

Que no me olvide

Sabe siempre mi cerebro
armario de mi historia
guardar estos momentos
éstos que estoy viviendo
estos mis ahoras
las luces, los abrazos con hoja
la vida, los sabores, los besos
acreedores de la gloria
de llegar a ser en mi memoria
uno más de sus recuerdos.



Orvallo

Lluvia de terciopelo, baila
tu apócrifa danza
yo saldré contigo a bailar
a mojarme en tu telaraña
de gotitas de fragilidad.

Las palabras que nunca escribimos

Así descansan las palabras
aquellas que eran de fuego
fuego de nuestras canciones
aquellas que nunca escribimos
que cantamos a nuestros amores.
Así mueren las palabras
enterradas por el tiempo
en el osario de los olvidos
como si no hubieran saboreado sus nombres
como si nunca se hubiesen dicho.

Tu capa negra (a un ministro canario)

He soñado con un mar el calma
con su afeite dorado y añil
sin el tintineo de sus campanillas de agua
vestidas de ciruela y de marfil
He soñado con un mar el calma
cantando una canción salada
preparándose para morir
en su hábito azul de la mañana.
Y he soñado con un hombre en calma
con su bandera negra y su capa negra
teñida de la viscosa codicia
que sale de debajo de la tierra.

La máquina del tiempo

Esta mañana, rota el alba
aún despertando
caí hacia el futuro
por una ventana extraña
que da a mi cuarto de baño.

Esta mañana, del otro lado
retornó de mi descenso
frente a mí
un hombre de cuarenta y tantos
en la máquina del tiempo de mi espejo
usurpando mi pellejo arrugado,
preguntando
¿cuándo te hiciste viejo?

No te rindas

Me gustan esas noches en que quieres cambiar el mundo,
y yo te digo que no puedes,
bajo esas lunas barrigudas,
y bajo esas otras tan delgadas,
heridas de necesidad,
me gustan esas noches dormidas en su montura
sobre un palafrén callado
de nombre quizás penumbra,
me gusta como callan sus canciones
y como cantan sus silencios,
me gusta no entender las notas de estrella
en el pentagrama del firmamento,
me gustan esos días en que quieres cambiar el mundo
porque parece que no tienes miedo
porque prefieres guerreros vencidos
que sumisos prisioneros,
me gustan esas noches largas
en que la incendaja no termina de prender
y los colores son viejos y cansados,
me gusta la sonrisa que nunca descansa
y el nombre que tienen las cosas,
y los rostros de escarcha y de carbón
me gustan los valles que tiran de las riendas a sus cimas
y el cielo cuando es de mar
y el fuego tibio de la amapola,
me gustan esas tardes en las que descansas de querer cambiar el mundo
porque entonces el mundo descansa en sus sillares
y nosostros en nuestros sillones
y afuera nada late.
Me gustan las cosas duraderas
porque han heredado el tiempo
me gustan las voces de los idiotas
porque no puedo escucharlas,
me gusta el presente de un verso
y su futuro que está en los libros
y su pasado que es del poeta.
Me gusta pensar que el alma no se estropea,
me gusta como suena el rabel
y como suena el amor en mi cama,
me gusta el vino porque pesa más que el aire
y la música porque pesa menos que el aire,
me gusta la filosofía de todos los días
y las matemáticas de fin de mes,
me gustan las catedrales que no he visto,
y los retablos que no se han pintado,
y las ciudades donde caben mil pueblos
y los pueblos donde cabe el aire de mil ciudades,
me gusta el político idiota al que nunca he votado
y esa carcajada que me provoca
porque piensa que el idiota soy yo,
me gustan las fotos antiguas de los padres de mis padres,
me gusta como caminan las mujeres
porque es como vuelan las aves,
me gustan las tormentas
porque así es como lloran los niños
antes del sol de su sonrisa,
me gusta mi nombre y me gustan todos los nombres,
me gusta como el sol muere sangrando en la batalla final de poniente,
con su yelmo de oro
y su espada deslumbrante,
me gusta el fondo del mar
porque pertenece a la oscuridad
y su piel
porque es la frontera del cielo,
me gusta cada segundo en que quieres cambiar el mundo,
porque la esperanza ya no es de piedra,
me gusta como el bosque va apagando el eco de una voz
y se lo bebe despacio como rocío,
me gusta como el viento se quita las botas para no hacer ruido
y levanta a las olas sus enaguas de puntillas blancas,
me gustan los candiles
porque hacen collares de luz de un solo rubí,
me gustan como arrastran sus cadenas los fantasmas de las nubes
por los torreones del castillo azul,
me gustan los muros que construyen los libros
porque son los ladrillos del mundo,
me gusta la eternidad pasajera
y la fugacidad eterna,
me gusta la osamenta de las sombras
porque es de aire,
me gustan los ríos de pájaros
y las bandadas de agua,
los bancos de hojas
y las enramadas de peces.
Me gustan los sueños en que quieres cambiar el mundo,
y yo te digo que no puedes
y amanece
despacio,
despacio.

28 de febrero

Temprano conjuré un sol muy arriba
excavé una trinchera en los labios
y me hice fuerte en mi sonrisa
porque hoy es mi cumpleaños.

Luna Soledad

Para no estar sola
la luna Soledad
en añicos de espuma
quebró un espejo en la mar

y mira su cara en cada ola,
mar estrellado de mil lunas
una en cada triza de vitral
mil reflejos de la suya.

Luna Soledad,
una soledad rota
en mil trozos de cristal.

De oxímoron

De oxímoron es mi cabeza
de tabúes de velos blancos
de sucio inmaculado
y de la abundancia más reseca.

Sin ser, siendo yo mismo
soy de una seda fiera
de un lento virtuosismo
de beso apartado de piedra.

De oxímoron es mi cabeza
de la planicie de mi abismo.

La sonrisa

La sonrisa que para mí quisiera
en la niñez mermelada brota
confitada, acostumbrada y sincera,
esa que te limpia el alma y la boca.

Semilla, madera, fuego.

Sol, lluvia, tiempo,
semilla y tierra,
¡ay árbol viejo!
¿te acuerdas?
¿naciendo?
qué lejos estabas del cielo.

Cornucopia de cirios quietos,
velas de hoja y madera,
mamando
de raíz en pecho,
ancla de la teta tierra.

¿te acuerdas
árbol viejo?
remero del viento
¿te acuerdas
queriendo
tocar del firmamento
sus hojas blancas de estrella?
  
Pero siempre responde el hombre
con su hierro,
robando al bosque,
llevando de la alameda,
rota de leña,
de su espesura mendiga
algunas de sus monedas.

Ahora, álamo descompuesto
eres de fuego
y de grímpolas negras,
olvido y humo de invierno
¡ay árbol viejo!
en la sed de la chimenea
por fin subiste al cielo.

La procesión de los lirios amarillos

Ya viene la procesión de los lirios
con sus trompetas calladas
y sus capirotes amarillos.

Ya viene la procesión de los lirios,
ya vienen sus hermanos de luz
con los cirios encendidos.

A paso aterciopelado de viento
sus braceros traen mecidos
tronos labrados de fuego,

sin cruces, sin hombres cautivos,
sin dioses coronados
de aguijones de espino,

sobre sus túnicas de trigo
pujan sólo flores,
traen sólo lirios.




La percha

Empinada, fálica y pétrea
sobre el Guadalquivir
han olvidado una percha,
y la luna de Sevilla allí
en el puente del Alamillo,
cada crepúsculo de abril
cuelga su virginal vestido,
y se engalana de flamenca
¡que la luna se va a la feria!


Adónde vuelan las hojas

Notas que se enojan
al tempo que marca la tormenta,
las corcheas, las blancas
y las rosas
dime esta mañana
adónde vuelan las hojas.

Cielo desesperanzado,
la partitura del viento se dobla,
la lluvia se desvela,
y yo preguntando
adónde vuelan las hojas.

Quizás las del roble se engarzan
en el viento más rudo y alado,
y las más viejas,
a lomos de su caballo,
con su bronce
hacen collares dorados.

Quizás mi rosal,
los pétalos que llora
se posan en el nidal
del donjuán de las alondras
y abriga a sus amores
en sábanas de rosa.

Quizás navegan sobre un lago
sin arrugar su cara
suavemente las hojas del castaño,
frunciendo una enramada
para ocultar bajo palio
a las Náyades de sus aguas.

O quizás en la tormenta,
sobre el pavimento triste y mojado
el pétalo de mi rosa
muera en su aroma desangrado,
sin su color de antorcha,
embadurnado de barro,
y yo preguntando
adónde vuelan las hojas.


Ruido


Las bombas se carcajean,
arrogantes,
salen los tanques,
explota la guerra,
braman los soldados,
rebuznan los generales,
asustados
los cristales tiemblan.
Lloran los angelitos
se despiertan enfadados
¡hacéis mucho ruido
por ahí abajo!



El ayer es tan lejano

Traigo de lejos
temblorosa la mano
y un jadeo incesante en el pecho,
del inaccesible monte
del pretérito tiempo.
El ayer, aun sin niebla, es tan lejano
que aspira a ocupar primero
mi cuerpo cien años venideros
que un solo segundo atrasado.



Fusil y pecho

¡Arriad la risa!
¡Silenciad su vela blanca!
la maldita brisa
no galantea esta mañana.

¡Llanto vuela!
en la soledad de la aurora,
nadie sepa de esta pena
nadie cuide donde mora.

¡Resbalad hojas!
en el tobogán del tiempo,
mi batalla es la tristeza,
a un tiempo soy fusil y pecho
¡Cómo coño gano yo esta guerra!